jueves, 11 de agosto de 2011

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS



Recién termino de ver la película “El origen del planeta de los simios”. Una periodista del ABC me llamó esta mañana para conocer mi opinión y por mis experiencias con periodistas es mucho mejor darles todo por escrito. Comparto estas reflexiones con la misma idea de siempre escuchar vuestras opiniones. Esta es la mía.

Primero, no aparece ni un solo gran simio real en la película, eso me permitió continuar viéndola.

Desde el punto de vista de la primatología existen elementos de la ficción que se asemejan enormemente a la realidad. Que los grandes simios poseen sentimientos, valores y un sistema cognitivo semejantes al nuestro está científicamente comprobado. Los más recientes estudios se dirigen hacia conceptos sobre la moral y sobre el engaño, la gran evidencia de que los primates tienen inteligencia y sobre todo lo que se denomina la “teoría de la mente” no sólo saben que piensan, sino que también saben que otros piensan y además saben que los otros saben que él piensa. Esta cualidad cognitiva se presenta en los niños a partir de los tres años. También el auto reconocimiento ante un espejo es una capacidad de los grandes simios, conocen su individualidad, se saben. Otro aspecto sobre las capacidades mentales de los primates es el estudio del engaño, que demuestra que muchos primates saben manejar la información, ocultarla si es preciso o modificarla con vistas a un objetivo futuro. Por ejemplo, un macho de bajo rango en la estructura social de un grupo no tiene posibilidades explícitas de cortejar y copular con una hembra, sin embargo se ha observado como parapetados por una roca o ramas la pareja de insubordinados copula sin emitir sonidos de placer y de vez en cuando la hembra asoma la cabeza para ser vista por los demás individuos del grupo y no levantar sospechas. También se ha observado como algunas especies emiten vocalizaciones de alarma sin que el peligro esté presente, todo con el objetivo de sacar ventaja en la posición de alimentación de un recurso escaso. Se engañan.

La cooperación entre primates también es objeto de estudio y desde luego basta con contemplar a un grupo de chimpancés desplazándose por la selva en busca de caza. Existen roles definidos de asustadores, perseguidores y matadores. U observar a un grupo de macacos asaltando un mercado en Jakarta. También en laboratorios se ha testado la cooperación entre primates para acceder a un recurso. La estrategia cooperativa es la clave del éxito en los animales que viven en grupos.

Sobre las cuestiones emocionales, más susceptibles de antropocentrismos, simplemente aceptar que los simios sometidos a la caza y muerte de sus madres, al traslado en cajas oscuras por días y la llegada al cautiverio condenados de por vida a una existencia artificial y terriblemente monótona les destruye emocionalmente. Nunca un lugar en cautiverio será suficiente para un animal que evolucionó para ser libre.

Por otro lado existen estudios de comportamientos como el denominado "reconciliación”; individuos que tuvieron un altercado y que a los minutos u horas se reúnen con gestos de cariño. Solidaridad, repartición de alimentos con los más desfavorecidos, ayuda a los heridos. Todos estos comportamientos que podemos llamar morales se presentan en ellos, evolucionamos junto con ellos hasta escribirlos en nuestros ensayos sobre la justicia. Pero claro ha sido mucho mejor hablar de la crueldad, el despotismo, el autoritarismo, la competencia y así justificar biológicamente el darwinismo social, la sociedad capitalista.

Personalmente el descubrimiento humano más espectacular y trascendente es el haber podido comunicarnos con otras especies; Gorilas, Orangutanes, Chimpancés y Bonobos han aprendido el lenguaje norteamericano de los signos para sordomudos. Hemos establecido conversaciones en la que nos han expresado sus emociones, sentimientos y deseos. Lo más asombroso es que ellos y ellas entienden el lenguaje humano, sin embargo, y nos sucede con los perros cuando nos hacen “guau, guau” no tenemos ni repajolera idea de que dicen mientras que usted pronuncie la palabra calle y saldrá corriendo a por la correa. Me pregunto a veces quién es el más listo. Hablar con otras especies es un salto increíble para la historia de la humanidad. Lo que no puede ser y aquí la película se “hollibudiza” es la capacidad de hablar como los y las humanos. El sistema del paladar, la lengua, la faringe y las cuerdas vocales les impiden la versatilidad que nosotros mostramos en el lenguaje. No pueden hablar a menos que modifiquen su estructura física. En cualquier caso ellos tienen su propio lenguaje incluso nombres o sonidos para diferentes alimentos.

Sobre la experimentación con grandes simios, ya existe una reglamentación y una prohibición en algunos países, la Unión Europea posee una ley que ampara a nuestros parientes de las aberraciones de los laboratorios. La película, sin mostrar la extrema crueldad que en ocasiones hemos visto, ofrece una imagen muy cercana a la realidad. En muchos casos como en las investigaciones sobre el SIDA los grandes simios no nos son útiles ya que no les afecta el virus, miles de ellos padecieron en vano. Un millón y medio de macacos murieron en las pruebas para conseguir la píldora anticonceptiva, quá paradoja. La medicina del futuro tiende a la personalización, ni siquiera todos los seres humanos reaccionamos igual ante los fármacos, es un reduccionismo, más aún con especies que aunque emparentadas o semejantes fisiológicamente no son humanos. Experimentar con animales es ya obsoleto.

El planeta de los simios en sus diferentes versiones inquieta psicológicamente. Sabemos que nos comportamos injustamente con la Tierra y con los seres con quienes la compartimos, algo dentro de nosotros, ese remordimiento tal vez no exclusivo del humano, nos hace sentirnos culpables pero seguimos indolentes. Ante mi obsesiva tendencia al cambio radical, la hipótesis de un virus antrópico que nos relega a la subordinación sobre otras especies se convierte en un equitativo castigo que apuntala la idea de la conciencia recíproca sobre la que deriva un principio moral incuestionable, no produzcas sufrimiento.

La compasión es la capacidad de compartir el dolor ajeno, la empatía. Dicen los Lacandones que cada vez que alguien daña a otro ser un pedazo del universo muere.

Lo mejor de la película es que volvemos a hablar de ellos, de los grandes simios, de nuestros parientes en extremo peligro de desaparecer.

Por cierto, que me gustó bastante.

1 comentario:

Paco Cuéllar dijo...

Coincido contigo en que es una gran película; muy superior a las secuelas de la primera y, también a la de Tim Barton.
Respecto a lo que hay de verdad y de mentira, he apreciado lo siguiente.
La representación digital de los simios está muy bien hecha excepto el bebé chimpancé que en realidad son más cabezones; pero es loable que pudiendo, hayan preferido no utilizar animales reales; todos sabemos de los malos tratos que sufren. También son exagerados los saltos y la facilidad con la que se desplazan por los árboles que es más propia de los gibones; los grandes simios pesan mucho (sobre todo gorilas y orangutanes) y aun siendo ágiles, su desplazamiento es más pesado que lo que dice la película.
Afortunadamente también es falsa la capacidad humana de hacer más inteligente a cualquier ser vivo (por eso la película es de ciencia ficción). Pero a partir de ahí, la base sobre la que se sustenta el guión es muy real:
Se refleja muy bien lo que son los laboratorios de experimentación y el hecho de que un chimpancé no sabe distinguir entre un zoológico y un "santuario" de primates. Aunque haya muy buena voluntad por parte de los proteccionistas un chimpancé privado de libertad se puede volver loco de igual forma porque no sabe si está encerrado por su bien o por su mal. Los chimpacés tienen que estar libres y punto.
Sobre las capacidades de comunicación y cognitivas de los chimpancés, incluso se queda corta la película. Y sobre todo, por su deseo de libertad. Cuanto más inteligente es un animal, tanto más es consciente de su cautividad y tanto más son susceptibles a volverse locos.
Otra certeza muy comprobada y que hay que agradedcer a la película por divulgarla, es que cualquier producto que funcione en un animal, no tiene porqué funcionar de igual forma en otro (incluido al animal humano). Lo que demuestra que los expeerimentos con animales son inútiles.
En definitiva, la película nos a animado a los miembros de Proyecto Gran Simio a seguir adelante.
Paco Cuéllar